viernes, 19 de marzo de 2010

lunes, 8 de marzo de 2010

...entre una pluma y tu olvido,
seré liviana...

tan liviana como un bostezo,
como la destreza de un intento,
efímera, como una palabra sin eco.

Que no me encierre tu memoria
de manera estáticamente ilusoria,
que no me aprieten tus labios al besarme
ni me nombren, de manera tan estricta;
que tus ojos liberen mi imagen
de eso que creo tan prolijamente mostrarte.
Puedo invitar a la luna a respirar conmigo,
puedo encuadrarla redonda,

pero quiero invitarla a escaparse conmigo
de su órbita solitaria...

viernes, 5 de marzo de 2010


...extraño la temperatura del río en ese momento,
su habla,
su manera de abarcarme
cuando sin apuro, siendo nada más, yo nadaba
y nadaba...
Extraño su profunda generosidad,
su destiempo, sus bordes indecisos...

... y tal vez el río también me extrañe.

martes, 26 de enero de 2010

Que te demore
mi mirada
y como un paréntesis,
te despliegue en un espacio lento,
fuera de lo esperado.

Un espacio no planeado,
para recorrer
con la audacia de un ensayo,
sin miedo al juicio,
por no responder a un mundo pre-determinado.

Que me demore
tu mirada
y sin apuro,
me dedique a recibir
lo que me dicen los costados.

Los costados sin nombre
que son la estructura y el sostén
de mi camino,
camino por demás apalabrado.

jueves, 21 de enero de 2010

Busco algún alma

para que navegue por mi deriva,
y al leerme,

me lleve consigo,
en el sentido de mis palabras.

Le ofrezco mi desorden,
mi desborde, mi desbande.
Mi hambre de silencio,
mi predilección
por el vertigo de la nada.
Mi mirada flexible,
mi ansiedad por reducir distancias.


Que me lleve tu sentido,
y me disuelva en tu nada.

lunes, 4 de enero de 2010

Extraño
un mar austero y desinteresado.

Hoy quiero ser cómplice
de alguna tormenta,
que se lleve la gente y nos deje solos:
frente a frente,
a mis pies descalzos,
sedientos,
y a su orilla.

Orilla que insiste
en traer hasta mí,
un poco de aquel horizonte
donde el silencio desnuda al cielo,
y el espacio parece haber podido
escaparse del tiempo.

Que insista esta orilla,
y aunque sea con los ojos cerrados,
me deje creer que,
estar lejos o cerca,
no es cuestión de distancia
sino de permeabilidad del alma.